Imagina que una empresa tecnológica de San Sebastián presenta al mundo un auténtico cerebro digital capaz de convertirse en uno de los modelos de IA más potentes de Europa. Suena casi a película de éxito, ¿verdad? Pues algo parecido acaba de ocurrir con el lanzamiento de Quasar 438B, la nueva inteligencia artificial presentada por la firma vasca Multiverse Computing.
El lanzamiento ha puesto a España en el foco de la innovación tecnológica europea, pero también ha abierto un interesante debate sobre el verdadero origen de la tecnología que estamos utilizando.
El arte de hacer la tecnología "pequeña" y utilizable
Para entender por qué Quasar 438B ha despertado tanto interés, primero hay que conocer el principal campo de especialización de sus creadores.
Las grandes inteligencias artificiales actuales, como los modelos que impulsan herramientas como ChatGPT, son auténticos gigantes digitales. Su entrenamiento y funcionamiento requieren enormes cantidades de capacidad informática, consumen mucha energía y pueden resultar muy costosos para las empresas.
La especialidad de Multiverse Computing no consiste tanto en crear estos gigantes desde cero como en hacerlos más pequeños, eficientes y fáciles de ejecutar gracias a su tecnología CompactifAI.
La idea puede entenderse con un ejemplo sencillo: sería como coger un libro de mil páginas y conseguir reducir considerablemente su tamaño sin perder una parte esencial de la información que contiene.
Gracias a esta "dieta digital", los modelos de IA pueden ejecutarse en dispositivos con muchos menos recursos, incluso de forma local en un móvil, un ordenador o un vehículo, reduciendo además la dependencia de grandes centros de datos. En el caso de los coches inteligentes, por ejemplo, una IA capaz de funcionar localmente y responder con rapidez podría contribuir a detectar un peatón u otro obstáculo en la carretera en cuestión de instantes.
Esta tecnología ha despertado el interés de grandes compañías del sector de los semiconductores, como Intel y Qualcomm, y ha contribuido al crecimiento de Multiverse Computing hasta convertirla en uno de los grandes referentes del ecosistema tecnológico español.
El dilema detrás del campeón europeo
Con estos antecedentes, el lanzamiento de Quasar 438B parecía reunir todos los ingredientes para convertirse en una historia de éxito tecnológico español.
En las pruebas de rendimiento, el modelo ha obtenido resultados muy destacados, llegando a superar en determinadas evaluaciones a modelos europeos de referencia como los desarrollados por la empresa francesa Mistral. Además, Quasar destaca especialmente por su capacidad para procesar y generar grandes cantidades de texto con rapidez.
Pero entonces apareció una cuestión que cambió el relato.
Varios analistas independientes comenzaron a investigar qué había realmente detrás de este nuevo modelo y señalaron una conexión llamativa: Quasar 438B no habría sido desarrollado completamente desde cero en España. Su base estaría directamente relacionada con GLM-5.2, un potente modelo de inteligencia artificial desarrollado en China y publicado en 2026.
La aportación de Multiverse Computing habría consistido en aplicar su tecnología de compresión y optimización sobre ese modelo para reducir significativamente sus necesidades de recursos y hacerlo más eficiente.
Y aquí aparece el principal punto de controversia: el anuncio del nuevo modelo no puso inicialmente el foco en esa procedencia, algo que generó dudas y debate dentro del sector tecnológico.
¿Soberanía tecnológica o una receta prestada?
La historia plantea una cuestión mucho más interesante que determinar simplemente quién creó Quasar.
Por un lado, conseguir que un modelo de IA de gran tamaño sea mucho más pequeño y eficiente es un logro tecnológico importante. Si la tecnología de Multiverse permite ejecutar modelos avanzados con menos recursos, su aportación puede tener un enorme valor práctico, independientemente del origen del modelo de partida.
Pero, por otro lado, aparecen varias preguntas legítimas sobre soberanía tecnológica, inversión pública y transparencia.
El dinero de todos
El desarrollo de tecnología de inteligencia artificial en España ha recibido un importante respaldo de fondos públicos. En este contexto, la participación de 67 millones de euros de financiación pública en el crecimiento y desarrollo de Multiverse Computing ha generado expectativas sobre el tipo de tecnología que debería resultar de esa inversión.
La cuestión que algunos plantean es sencilla: ¿debería una inversión pública de esta magnitud conducir necesariamente al desarrollo de un modelo completamente original, o también tiene sentido invertir en tecnologías capaces de mejorar y hacer más eficientes modelos desarrollados en otros países?
No existe una respuesta sencilla. Crear un modelo fundacional desde cero requiere enormes cantidades de datos, infraestructura y capital. Mejorar sustancialmente la eficiencia de un modelo existente también puede representar una aportación tecnológica de gran valor.
Del código abierto al modelo cerrado
Hay además otro elemento que ha alimentado el debate.
El modelo de origen chino utilizado como referencia se había distribuido con un enfoque más abierto, permitiendo a investigadores y desarrolladores acceder a él y trabajar sobre su tecnología.
Quasar 438B, en cambio, se ha presentado bajo un modelo de licencia comercial cerrada. Esto significa que los usuarios pueden utilizar la tecnología bajo las condiciones establecidas por su propietario, pero no disponen necesariamente del mismo nivel de acceso al código y a los componentes internos del modelo.
Y ahí aparece una segunda paradoja: una tecnología construida a partir de un modelo relativamente abierto puede terminar convertida en un producto comercial mucho más cerrado.
Más que una polémica sobre el origen
Por ahora, el debate continúa y quedan preguntas por responder sobre el alcance exacto de la relación entre Quasar 438B y los modelos utilizados como base, así como sobre qué parte de la tecnología desarrollada por Multiverse Computing corresponde a su propia innovación.
Pero quizá la cuestión más interesante no sea si Quasar es "español" o "chino".
La inteligencia artificial actual se está construyendo precisamente a partir de este tipo de ecosistemas globales: modelos desarrollados en un país, optimizados en otro, entrenados con infraestructuras distribuidas internacionalmente y convertidos después en productos comerciales por empresas de diferentes partes del mundo.
En ese contexto, la verdadera innovación de Multiverse podría estar menos en haber creado un nuevo cerebro desde cero y más en haber encontrado una forma de hacerlo mucho más ligero, rápido y accesible.
El debate sobre Quasar 438B, por tanto, va mucho más allá de una cuestión de nacionalidad. Nos obliga a preguntarnos qué entendemos realmente por tecnología europea, soberanía tecnológica e innovación propia en una industria que, por naturaleza, ya es completamente global.
Y quizá esa sea precisamente la parte más interesante de esta historia: en la carrera por construir la inteligencia artificial del futuro, el origen del cerebro importa, pero también importa quién consigue hacerlo funcionar de una manera radicalmente mejor.
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